Al hablar de santidad muchas veces pensamos en siglos pasados, en historias extraordinarias y en personajes únicamente sacados de la Biblia. Pero lo cierto es que los santos eran personas como tú y yo, con cualidades pero también con defectos. Y para ser uno o para empezar a trabajar por la santidad, no hay requisito de edad.

 

 

Fuente video: Aciprensa 


Por eso hoy te compartimos un hermoso testimonio de amor a Dios, que seguro te va a conmover. Durante estos días en los medios hemos visto la historia de Carson Kissell, un niño con delicadas condiciones de salud, que diariamente a pesar de sus constantes dolores y sufrimientos, convoca a miles de personas para orar, de manera virtual, ¡la Coronilla de la Divina Misericordia!

 

La fe y la oración han hecho que para Carson las diversas situaciones fruto de su condición de salud (Epidermólisis Ampollosa), sean más fáciles y llevaderas, dado que por medio de la espiritualidad él se ofrece como sacrificio a Dios.

 

¿No nos da este pequeño una increíble lección de fe a todos? Te compartimos este video publicado por Aciprensa para que conozcas un poco más de su historia, si es que todavía no habías escuchado de él.

 

La santidad en la vida diaria y a cualquier edad

En muchos momentos se nos ha recordado una vocación conocida como la vocación bautismal. Esta no es otra que la búsqueda de la santidad personal y comunitaria. A veces pensamos que la santidad es cosa de seres elevados e inalcanzables. Tal vez hasta nos hemos convencido de que esta vocación no es para nosotros, pero la verdad es otra: ¡la santidad es para todos!

 

Un día conversando con un sacerdote, nos decía que la santidad no consiste en la realización de actos milagrosos o misteriosos, sino en: «Hacer lo que te corresponde en el momento que corresponde hacerlo y de la mejor manera, ofreciéndolo con la mayor disposición de espíritu».

 

¿Te has detenido a pensar que cumpliendo con tus deberes cotidianos y responsabilidades tanto académicas como laborales, estás caminando hacia la santidad? La santidad es una vocación que como todas, se vive día a día. La respuesta a este llamado se da en cada minuto de nuestras vidas y en la medida de nuestra constancia y generosidad, se logra llegar a la meta.

 

La oración como fuente de vida y esperanza

La oración como comunicación entre Dios que ama y sus hijos que son amados, fortalece cada día la respuesta de fe en quien se ha revelado en su Hijo. Además sirve de fuente de fortaleza ante las tribulaciones.

 

Carson Kissell, nos recuerda la importancia de la oración constante, aún cuando las situaciones y circunstancias no son las mejores. Como personas de fe es necesario que aprendamos a descubrir cómo la oración no se reduce a aquellos momentos de recogimiento (absolutamente valiosos), sino que en sí, la vida cotidiana debe ser llevada a la oración.

 

¿Cómo hacerlo? «Hay que ponerse los lentes de la fe». Si transformamos nuestra mirada en modo Cristo y pensamos: ¿Qué haría, diría, pensaría… Jesús?, logramos llegar a convertir el momento a momento en un espacio espiritual, que sin caer en fanatismos, se convierte en un camino de oración cotidiana, sendero de santidad.

 

Ofrecerse como sacrificio

«Hoy fue un día difícil para mí. Se me rasgaron los codos y estoy realmente cansado. Pero aún quiero hacer esto (la coronilla de la Misericordia). Es un sacrificio. Ok, empecemos».

 

Carson con sus delicadas condiciones de salud, nos recuerda algo importantísimo, el ofrecerse como don en las manos del Señor. En otras palabras, unir nuestras dolencias a la Pasión de Cristo.

 

Este ofrecimiento es una oportunidad enorme no solo de avanzar en el camino de conversión, sino también de caminar hacia la santidad tanto personal como comunitaria. Es el testimonio de fe de quien sufre, testimonio que lleva a la conversión y el fortalecimiento de fe de los demás.

 

Por último quiero invitarte a fortalecer la oración en tu vida siendo consciente de que donde «alguien ora, Dios obra». Insisto, no son solamente aquellos momentos de piadoso recogimiento, sino todo momento de visión en clave Cristo. Una espiritualidad sana y coherente, lleva a un testimonio claro y edificante, que concluye en una santificación de la vida diaria.

 

¡Gracias Carson por tu inmenso testimonio de fe!

 
Fuente: Catholic Link