Para hablar de los tiempos en el año litúrgico de la Iglesia hay que hacer una diferencia en el año civil y el año de la Iglesia. El año litúrgico en la Iglesia no es igual que el año civil, este se maneja en fechas diferentes. El calendario civil inicia en el mes de enero y termina en diciembre, 12 meses lo conforman que son los que hace la tierra mientras gira alrededor del Sol. De igual manera nuestro calendario litúrgico tiene una similitud ya que gira alrededor de los acontecimientos más importantes de la vida de Jesús, que es nuestro Sol de Justicia. El año litúrgico en la iglesia comienza en noviembre, con la primera semana de adviento y termina con la fiesta de Cristo Rey del Universo, también en el mes de noviembre, una semana antes del primer domingo de adviento.

 

El año litúrgico en la Iglesia lo componen cuatro ciclos, así como al año civil lo componen cuatro estaciones, primavera, verano, otoño e invierno. El año litúrgico en la Iglesia está conformado por los ciclos: adviento, navidad, cuaresma y pascua.

 

TIEMPO DE AVIENTO.

Es un tiempo de esperanza y de alegría, esperando a Jesús que nace y que viene al final de la historia. Su ritmo se lo dan cuatro domingos, el primero de los cuales es el “año nuevo” de la Iglesia. Es decir con el primer domingo de adviento inicia el año nuevo litúrgico. En el pasado el Adviento era más penitencial, ahora solamente nos quedan dos signos que son propios para los tiempos de penitencia: el color morado y el hecho de que no se cante el canto del Gloria, que se vuelve hacer hasta la Navidad. Hoy, en cambio, en el adviento se acentúa la conversión, necesaria antes de todo momento fuerte de la fe. En el Adviento se vive una doble espera, la primera es memorial y otra histórica: esperamos el nacimiento de Jesús en Belén (memorial) y esperamos su venida definitiva, cuando vendrá a instaurar para siempre el Reinado de Dios que ya está en medio nuestro desde que vivió entre nosotros (histórica). Es un tiempo de esperanza, gozo, de expectativa confiada, y ése es el carácter que prevalece en los cantos.

 

TIEMPO DE NAVIDAD.

Es la fiesta del nacimiento de Jesús y el tiempo que sigue hasta la fiesta de su bautismo. En medio del tiempo de Navidad está la fiesta de la Epifanía, que celebra la manifestación del Niño Jesús a todas las naciones por la visita de los magos de Oriente. Es como si todos los pueblos de la tierra hubiesen ido esa noche a ver y a llevar regalos al Niño Dios. No hay ninguna fiesta cristiana que haya inspirado tantos cantos como ésta. Los villancicos son himnos a Dios encarnado en la historia concreta de las culturas, los pueblos y las comunidades. En esta hermosa fiesta y en su octava, es bueno cantar nuestros villancicos, que se pueden tomar al inicio de la eucaristía, para la comunión y como canto final.

 

TIEMPO DE LA CUARESMA.

Es el gran tiempo penitencial de la Iglesia, los cuarenta días de conversión y purificación interior que nos preparan a la mayor fiesta cristiana del año, la Pascua. Comienza el miércoles de cenizas. Son días de escucha atenta de la Palabra de Dios que nos vuelve a llamar a un cambio de vida según el Evangelio de Jesús. Desde el miércoles de cenizas hasta la vigilia pascual no cantamos el Aleluya, MUCHO OJO AQUÍ LOS COROS, YA QUE SE LES ESCAPA DE VES EN CUANDO ESTO, y no se canta el aleluya porque ese canto es la expresión del gozo de la resurrección; lo reservamos para la noche de Pascua. El Gloria tampoco se reza ni se canta en todo ese tiempo, excepto en la misa del Jueves Santo. Pero la Cuaresma no es un tiempo triste, sino más bien un tiempo de recogimiento, de meditación, que es el ambiente que nos permite estar atentos a la Palabra, reflexionar sobre nuestra vida y dar pasos de conversión. Los cantos de la eucaristía deberían favorecer la atmósfera de recogimiento y conversión personal y comunitaria que caracterizan este tiempo litúrgico.

 

En este mismo tiempo se pide a los dirigentes de coros que sean más austeros, más discretos en la música que acompaña los cantos. Esto quiere decir que los cantos no deben ser acompañados con guitarras eléctricas ni baterías ni muchos instrumentos. Recuerden que es un momento para reflexionar y mientras más austero sea el coro mejor. Lo recomendable es que sea con pura guitarra y que no sean muchas.

 

TIEMPO DE PASCUA Y PENTECOSTÉS.

La Pascua es la cumbre de las celebraciones de nuestra fe cristiana y el fundamento de nuestra esperanza. La victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte son la razón más honda de la gratitud y el gozo de los creyentes. Su victoria es la nuestra, porque vive en medio nuestro y anima nuestro empeño de liberación, de vida, de superación del mal, de la miseria y de la violencia. El canto del Aleluya, que no hemos cantado durante la Cuaresma, rebrota en la vigilia de Pascua y expresa ese sentido y ese gozo que se prolongan en la octava de la misma Pascua y en todo el tiempo pascual, pasando por la fiesta de la Ascensión del Señor, hasta la fiesta de Pentecostés. Esos 50 días son, como nos dice la Iglesia, como un solo día de fiesta. Durante todo el tiempo pascual se deberían cantar cantos de resurrección, también en la Ascensión y la venida del Espíritu Santo, que no son fiestas separadas. Estas dos últimas también deberían agregar cantos propios, sobre todo cantos al Espíritu Santo.

 

EL TIEMPO ORDINARIO

Se le llama también “tiempo ordinario” o “tiempo común”. Este tiempo dura entre 33 ó 34 semanas. Aquí la Iglesia vive un tiempo más normal, sin grandes celebraciones. Es el tiempo más largo del año litúrgico, de modo que en él es muy importante cuidar la variedad de la música. Como el leccionario dominical se desarrolla en tres años (A, B y C), será la Palabra de Dios leída en cada liturgia la que indicará los cantos más adecuados para la celebración. Por el tiempo no me detengo a explicar lo que significan la A, B y C, eso creo que muy bien puede ser para un episodio que se dedique a la liturgia.

 

Funte: VirgendeGuadalupeSMG