Es real y en la Edad Media miles de personas murieron por ella. También se la llamó "mal de San Antonio"

n los documentos medievales, aparece reseñada la muerte de miles de personas a causa de lo que se describía como “mal del fuego del infierno”. En otros escritos, la misma situación se denomina “fuego de san Antón”. No hablamos de la peste negra, que sembró la muerte por Europa en el siglo XIV. ¿Qué era entonces el “fuego del infierno”?

Muerte y amputaciones

Se trata de una enfermedad cuyos síntomas tuvieron aterrada a la población en el siglo XI. Las personas que la padecían entraban en convulsión y vomitaban. Se les producía necrosis sobre todo en las extremidades y aquello derivaba en poco tiempo en gangrena. El desenlace era mortal en la mayoría de los casos, o bien acababan en amputación de piernas o brazos.

En Medicina, el “fuego del infierno” o “fuego de San Antonio” se conoció como ergotismo.

A raíz de esa situación, la Iglesia quiso salir en ayuda de tantas personas enfermas y atender a los afectados y a los moribundos.

 

 

Un milagro que generó la creación de una orden hospitalaria

Pero ocurrió un hecho singular. Un noble francés, Gastón de Valloire, tenía un hijo llamado Girondo que se vio afectado por el “fuego del infierno”. La familia Valloire rezó por la curación del joven ante las reliquias de San Antón  y Girondo sanó. Fue un hecho milagroso y el noble, en agradecimiento a Dios, fundó la Orden Hospitalaria de San Antón, que iba a encargarse entonces de atender a los enfermos de “fuego del infierno”.

La Orden Hospitalaria de San Antón estaba formada por laicos y fue confirmada por el papa Urbano II en el año 1095. En España, tanto en los Reinos de Navarra y Aragón como en Castilla, el “fuego del infierno” había segado ya muchas vidas y la llegada de la Orden de San Antonio (o Antón) supuso un gran alivio.

Con el empleo de pan no afectado por el hongo y los cuidados de los miembros de la Orden en sus lugares de atención (hospitales), muchas personas lograron sobrevivir a la enfermedad. Muchos eran llevados como peregrinos al Camino de Santiago y con ello cambiaban la dieta que les causaba el mal.

Cuidando enfermos en la Europa medieval

Más de un siglo después de su fundación, la Orden Hospitalaria de San Antón pasó a ser monástica y en 1248 los monjes adoptaron la regla de San Agustín. En el siglo XIV, los monjes Hospitalarios atendieron a los aquejados de peste negra en Europa. Llegaron a ser 10.000 monjes con 370 hospitales a su cargo.

En cuanto al “fuego del infierno”, los estudios sobre el hongo y su transmisión a través del cornezuelo del centeno llegaron a averiguar la causa de ese mal en el siglo XVI y, a partir de entonces, disminuyó considerablemente la mortalidad.

Los miembros de la Orden Hospitalaria de San Antón vestían hábito oscuro con una cruz azul en forma de “t” (tau en griego) en el pecho. La Reforma protestante y la Revolución francesa aplastaron duramente esa red hospitalaria tanto en Alemania como en Francia y ya cuando solo quedaban algo más de 30 hospitales, el Papa decidió unirla a la Orden de Malta, también encargada del cuidado de enfermos.

En España quedó extinguida en 1791 a petición del rey Carlos III. Quedaba, sin embargo, la huella de los edificios de la Orden Hospitalaria en ciudades como Salamanca, Valladolid, Cuenca, Madrid, Murcia, Medina del Campo, Barcelona, Talavera de la Reina, Lleida, Córdoba, Sevilla, Ciudad Real, Pamplona, Zaragoza, Huesca o Valencia.

 

 

En casi todos los casos, el hospital estaba unido a una iglesia dedicada a San Antonio, por lo que es frecuente la presencia todavía hoy de iglesias dedicadas al santo que se remontan a esos siglos.

 

Fuente: Aleteia